Comencemos con una sencilla pregunta: ¿Qué forma tiene el agua? Muy fácil: ninguna, más bien la toma del recipiente que la contiene. Este fue el eje central de la conferencia que realicé el pasado 21 de febrero en la Cámara de Comercio de Madrid en el marco de las jornadas sobre Industria 4.0, convencido de que hay que decir adiós al inmovilismo y la rigidez, abrazando sin temor las distintas transformaciones.

Precisamente eso es lo que en el contexto actual debemos esforzarnos las compañías, abrazando y asumiendo los continuos cambios externos que impone el momento actual lo que nos lleva al término de organización líquida. La razón: es que todo será muy distinto dentro de pocos años gracias a los avances tecnológicos cada vez más disruptivos, lo que traerá, como anuncian desde distintos foros, que en 2021 el 40 por ciento de las compañías no existirá en su forma actual, pero además el lugar de trabajo cambiará drásticamente, evolucionando de forma sistemática a las necesidades de los nuevos contextos.

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Darwin tenía mucha razón: para sobrevivir hay que adaptarse, y en eso debemos estar focalizados todas las organizaciones, pero para ello hay primero que desorganizarse. Sí, destruir para después construir.

Hoy ya no sirve lo anterior, los patrones ahora son bien distintos. Lo apuntaba recientemente la consultora Capgemini, en su último informe (The Unorganization), que para hacer frente a los cambios hay que abandonar los sistemas tradicionales y para ello, conviene entender cómo funcionan los llamados activadores de la economía actual y además racionalizar la gestión teniendo una mayor cercanía con el cliente. También hay que contar con la ayuda de la tecnología para automatizar los procesos, logrando entornos de trabajo más eficientes y utilizar métodos de trabajo más libres, abiertos y sin restricciones, donde se impone la cooperación y el acceso a todos los recursos desde cualquier lugar.

En mi opinión, la hoja de ruta para conseguir una organización líquida consta de cuatro puntos imprescindibles:

1.- Estrategia

Hoy día no se puede asumir cualquier transformación sin llevar a cabo una estrategia porque sin ella no hay tecnología que valga. Si no hay un cambio en la cultura corporativa teniendo muy claro que hay que apostar por la flexibilidad, apertura al cambio y alianza de terceros, es muy complicado salir exitoso o simplemente mantenerse, a pesar de que se tenga la tecnología más disruptiva a su alcance y el capital humano más preparado…

2.- Las personas, verdadero motor de la transformación

Para afrontar los cambios hay que saber adaptar el talento del que se dispone a las nuevas competencias que se exigen para afrontar un contexto volátil e incierto. La tecnología sin personas no es nada, lo he comentado en varias ocasiones y en distintos foros: hay que buscar nuevos perfiles, pero también no dar la espalda a la formación. Las antiguas jerarquías verticales y rígidas hoy son insostenibles y tampoco se puede tener éxito sustituyendo simplemente los humanos por tecnología. Millennials, generación X o los llamados Smart worker, y cualquier otro perfil que venga, deben darse la mano para lograr organizaciones más ágiles y flexibles, más productivas y eficientes, porque ese capital es el verdadero motor de la transformación digital.

3.- Directivos suficientemente preparados

Los cambios necesitan líderes y éstos deben tener unas características fundamentales: visionarios, creativos, flexibles, comunicadores, pero también muy formados e interesados por los continuos avances. El líder digital debe abrazar el cambio a través de tres puntos claves: Conocimiento, formación y tecnología. Sin ello, tendrá pies de barro. Pero además debemos asumir que el liderazgo hoy debe ser más democrático, facilitando e impulsando el crecimiento de las personas que forman parte de la compañía, porque sólo así se logran equipos más creativos y se abre paso a la asunción de responsabilidad.

4.- Experiencia de cliente

Debemos comprender que la calidad ya no es suficiente en un mercado cada vez más competitivo y donde los activos físicos ya son sustituidos por activos digitales. No se puede dar la espalda al nuevo cliente que utiliza nuevos canales y se mueve por otras necesidades muy distintas. Vender hoy no es lo mismo que hace unos años. No hay nada más que mirar y observar lo que hacen las grandes marcas: Coca-cola, Amazon, Adidas… no tienen ya en su centro de atención el producto, sino la experiencia que ofrecen. Una buena experiencia de cliente pasa por aportar valor, pero también emociones y satisfacer las expectativas puestas en las compañía. Coca-cola vende felicidad y Adidas, actitud… En Korporate Technologies Groups nos gusta decir que no vendemos fotocopiadores, sino automatización de procesos y sobre todo eficiencia.

En conclusión, España y su tejido empresarial debe superar la barrera psicológica de que hoy tan solo 2 de cada 10 organizaciones tengan una estrategia completa de transformación digital. Es verdad que muchas comienzan a dar los primeros pasos, pero hoy éstos siguen siendo incompletos para tener esas organizaciones líquidas y lo suficientemente preparadas para asumir los cambios que se avecinan.