Según la RAE flexibilidad es la facultad de adaptarnos a cualquier circunstancia abrazando los cambios o las variaciones sin problema o impedimento alguno. En la era Covid este concepto resuena con más insistencia si cabe, ya que todas organizaciones, independientemente de su tamaño, han aprendido dos lecciones. La primera es que la digitalización es una obligación, no una opción, y la segunda apunta a que se abre un nuevo escenario donde se impone la movilidad con una máxima de fondo: lleva tu trabajo, estés donde estés.

La flexibilidad aporta mayor competitividad, porque conlleva inevitablemente la creación de entornos de trabajo más eficientes ante cualquier circunstancia, lo que impacta en que la productividad aumente un 13%.

La realidad es que el trabajo en remoto, que se han impuesto por los efectos del virus, necesita ahora de mayor colaboración y más conexión con herramientas que incrementen y faciliten el trabajo diario.

La pandemia ha acelerado un cambio notable en las organizaciones que deben aprender a dar continuidad a sus negocios en cualquier circunstancia.

El panorama apunta a que tres de cada cuatro empresas seguirán teletrabajando tras la crisis, según la primera Encuesta sobre Pymes y Digitalización del trabajo en España, realizada por Fiverr, donde la unión entre teletrabajo y flexibilidad es ya indiscutible.

De hecho, seis de cada diez pymes afirma que la flexibilidad es la mayor ventaja del trabajo en remoto porque contribuye a conseguir un gran equilibrio entre la vida personal y familiar. Iremos hacia horarios más flexibles y menos presencia física, donde trabajador y empresarios deben adaptarse.

Flexiworking y Smart Work: tanto monta, monta tanto…

La nueva normalidad impone otras formas de trabajo que aún suponen retos para las organizaciones ante la falta aún de una digitalización completa. Optimizar las inversiones en tecnología es ya una realidad para mejorar esa flexibilidad que apunta a unas organizaciones más líquidas, donde se requiere un cambio de mentalidad situando al trabajador en el centro de las acciones, buscando más experiencia de empleado como medio para mejorar los resultados, cobrando relevancia conceptos como Smart work y flexiworking. Ambos, tratan de optimizar la eficiencia y el espíritu colaborativo, logrando:

  • Mayor productividad y eficiencia
  • Trabajadores más motivados y felices
  • Mayor conciliación
  • Mejor retención del talento

En resumen, las compañías deben hoy modificar rápidamente su entorno tecnológico evolucionando para adaptase a los cambios, ya que hay un desplazamiento masivo de los empleados fuera de sus lugares de trabajo, permitiendo la deslocalización con soluciones que faciliten el cometido en movilidad,  con infraestrutura TI adecuada que fomente una mayor agilidad en los procesos.

Tecnologías como la nube, sistemas de videoconferencia, software de gestión de procesos documentales más inteligentes,  dan buena muestra de ese tránsito hacia una nueva normalidad que necesita cada vez más de tecnología para avanzar hacia flujos de trabajo más ágiles para facilitar una mayor eficiencia.

Para ello es imprescindible reforzar la infraestructura digital pero también apostar por los datos, la automatización y la inteligencia artificial. El reto modernizar: el ecosistema tecnológico asociado al puesto de trabajo digital.

Recuerda que la empresa del siglo XXI busca la felicidad del empleado y ésta cada vez exige mayor flexibilidad ante los cambios. En Grupo Korporate sabemos cómo ayudarte.