La principal razón por la que desaparecen las empresas es porque no son rentables. Sabemos que la rentabilidad de un negocio se mide comparando los ingresos y los gastos, y cuando estos son más bajos que los segundos, la catástrofe está garantizada. Sin embargo, antes de que las alarmas salten casi siempre hay una serie de indicadores que pronostican ya el desastre.

La falta de equipo y liderazgo es ya hoy una de las cuestiones que más desestabilizan a las empresas, seguido de ausencia de un Plan de Negocio y una falta de conocimiento del mercado. Hay que estudiar concienzudamente el escenario donde se quiere operar, analizar la competencia, establecer una política de precios adecuada, saber la inversión necesaria y tener muy claro las fuentes de financiación.

Pero quizás uno de los errores más comunes sigue siendo el exceso de gastos y la ausencia de control de los costes llamados invisibles y ocultos, siendo muy fácil caer en una política de gastos inadecuada.

Por ello, el uso del papel sin control es una de las cuestiones que más gasto representan en las organizaciones. Lo ideal es monitorear su consumo con herramientas adecuadas y saber cuáles son aquellas acciones y procedimientos entorno al documento susceptibles de ser mejorados.

Por ejemplo, reducir sólo el gasto de documentos impresos puede suponerle un gran ahorro, así como apostar por la digitalización de los mismos, o implantar soluciones de facturación electrónica, cuyo uso genera en las empresas reducciones de 2,81 euros en la emisión de cada factura, frente al formato físico.

De otro lado, la gestión de la información, tanto dentro como fuera de la empresa, es uno de los aspectos que más inciden a la larga en la rentabilidad de la negocio, llegando ya a ser un verdadero lastre en la productividad cuando se hace de forma errónea.

La ausencia de flujos de información inteligente también afecta claramente en el fracaso de las organizaciones. Por ello, es prioritario que la información fluya y esté integrada, unificada y se brinde de forma simplificada en la empresas para que sirva de apoyo en la toma de decisiones.

Tareas sin organización, demoras o falta de orden abocan al fracaso, al igual que el empleo de tecnología más propia del siglo pasado, que va casi siempre acompañado de una clara resistencia al cambio, lo que impide, a menudo, satisfacer las necesidades del nuevo cliente: hoy mucho más exigente, plenamente digital y que requiere ya estar en el centro de todas las acciones.

Cloud, movilidad, big data, social media son algunas de las herramientas que mejoran el funcionamiento de las organizaciones y afectan a esa rentabilidad futura, al igual que la falta de compromiso de la plantilla o creer que los clientes llegarán solos sin invertir en acciones de publicidad y marketing.

Tampoco es posible subsistir dando una mala atención al consumidor o propiciando tiempos de espera interminables. Así, la permanencia de un negocio en el tiempo no se entiende sin detectar realmente qué quiere el cliente y cómo lo quiere. Además todo indica que las empresas deben estar preparadas para estar siempre disponibles, prestar una atención onmnicanal, pero también enfocar sus acciones a conseguir altas cotas de eficiencia.

Y es que invertir el menor tiempo posible empleando menos recursos, es otro indicador que inclina la balanza, lo mismo que el buen uso y el empleo de la tecnología.